Mostrando entradas con la etiqueta añoranza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta añoranza. Mostrar todas las entradas

sábado, 3 de septiembre de 2011

26. VEINTE AÑOS...


Hoy me siento frágil, como una pompa de jabón... Es una sensación extraña, no del todo desagradable, pero que de todas formas no me gusta demasiado... Siempre presumo de ser una chica fuerte, con las ideas bastante claras, con una serie de principios que procuro respetar... Soy independiente, al menos, hasta donde alcanza la paga que me da mi madre por colaborar en las tareas de la casa, y de vez en cuando acepto pequeños trabajitos, por ejemplo, en un Burger King, repartiendo propaganda, cosas por el estilo, para conseguir algunos caprichos... Sobre todo, libros y discos…

Pero hoy, no sé, me faltan las fuerzas, me persigue un fuerte dolor de cabeza, y aprovecharé que hoy no tengo ningún examen en la facultad para quedarme en casa, y disfrutar de la mañana, con toda la casa para mí... Supongo que no me puedo quejar, vivo en Carabanchel, tengo una habitación bastante grande para mí sola (bueno, y para el fantasma de Cachivache, mi hámster, que viene algunas noches... pero de todas formas ocupa poco espacio), con una gran mesa frente a la ventana, en la que ubico el portátil, y la última de mis maquetas de barcos…

Y casi todas las paredes las tengo cubiertas de posters enmarcados y de estanterías... Mi cama es grande, grande... Y también el armario... Con un altillo maravilloso, donde me cabe toda la ropa de fuera de temporada, y algún que otro secreto… De todas formas, aprovecho parte de la habitación de mi hermano como trastero...

Aunque mi lugar favorito de toda la casa, es el sofá del salón, amoroso, mullido, el mejor lugar para leer y estar tranquila, en mañanas como la de hoy, cuando parte de mi mundo está desenfocado... Pues me siento frágil... Mañana iré de compras por la tarde con Claudia, se ha empeñado en hacerme un regalo de cumpleaños, "porque el cambio de década es muy importante, Beatrice..." Tengo muchas ganas de estar con ella, porque hace dos semanas que no nos vemos, y el tiempo se ha vuelto eterno... Espero que me cambie el ánimo al estar con ella...

Veinte años... cumplo veinte años el domingo... pero no se lo he dicho a nadie de la complu, me revientan las típicas muestras de hipocresía, cuando varias personas se juntan para hacer un regalo o cantar una estúpida cancioncita en mitad de la cafetería... Por eso, después de comer con la familia, incluyendo a la tía Agustina, que ha venido desde Villaviciosa, y “Las Valkirias de Carabanchel”, nos iremos todos al cine, y luego a la bolera... aunque cenaré con Claudia… Para comenzar con buen pie el siguiente ciclo...


Ya es oficial... Dentro de pocas horas, a las ocho y media de la mañana, se cumplirán veinte años desde mi nacimiento... ¡Veinte años! Parece una enormidad de tiempo... Cuando eres pequeña, quiero decir realmente pequeña, miras a las adolescentes de doce, catorce y sobre todo dieciséis años, como si fueran diosas, personas importantes y superiores a ti, que como mucho te permiten que les abras la puerta...

A los nueve años, te sientes tan pequeña, y tu mayor obsesión parece ser llegar a la primera década de vida, una especie de barrera psicológica, casi tan importante como alcanzar la estatura mínima para montarte en las atracciones de la feria… Nunca me han gustado las ferias, ni los parques de atracciones… Tengo demasiada imaginación… Me dan miedo los encapuchados, y cuando me convencen para entrar en la Casa del Terror, me quedo siempre con la duda, sobre si lo que estoy viendo es real o no, si aquellos personajes vendados, ensangrentados, son reales… Enseguida me monto mis películas, donde un loco recién fugado del manicomio se refugia en las atracciones, y empieza a secuestrar a las adolescentes, para torturarlas en medio de rituales de sangre…

Eso por no hablar de los chicos... Seguro que si ahora vuelvo a encontrarme con uno de esos zagales que tanto me gustaban, y que tanto me imponían, cuando yo tenía diez o doce años, me avergonzaría de mi ingenuidad... parecían tan “machitos” con sus bicis de cross, sus botas... y sus primeros cigarrillos, que fumaban en grupo y a escondidas, casi siempre por hacerse los machotes… Lo que más recuerdo, los paseos en moto,  furtivos momentos de abrazarme a una espalda cubierta de cuero que me ignoraba completamente, por ser demasiado niña... Y que son los mismos que, dos años más tarde, demuestran su interés de mil y una maneras, con tal de besarnos en la boca, y rozar nuestros pechos incipientes…

Los primeros años de la adolescencia son extraños, complicados, oscuros, pero al mismo tiempo, apasionantes, por todos los cambios que experimentas en tu cuerpo, y que los demás sufren también... Aquella primera menstruación, aunque no te pilla demasiado por sorpresa (mi madre tiene una farmacia, que lleva muchos años en nuestra familia), sí es incómoda... Con un poco de suerte, te viene en el recreo del instituto... Y con algo más de suerte, tienes cerca alguna compañera, más previsora que tú, que te puede dar una compresa... Siempre me he preguntado por qué en los institutos no tienen una pequeña reserva de compresas, para echarnos una mano en esos momentos tan complicados... No sería tan complicado hacerlo: basta con tener un par de cajas de compresas, como emergencia, en la sala de profesores, y que luego alguna persona, como por ejemplo el orientador, se encargase de tranquilizar a la debutante… Por mucho que sepas o intuyas lo que te está pasando, la primera vez puede ser aterrador…Si no, que le pregunten a Carietta (Carrie) White, una joven de 17 años de Chamberlain, USA… Más conocida como “Carrie”, el libro cuya lectura sigue estando censurada en muchos de los institutos americanos…

Todo esto para deciros que, en el fondo, cada etapa de la vida tiene su complicación, y su interés... Que de niñas, las adolescentes nos parecen diosas, y los adolescentes, los chicos, bueno... raros, muy complicados, pero de todas formas despiertan nuestro interés... Que una vez que has superado la primera menstruación, y en casa empiezan a decir de ti que ya eres "toda una mujercita", y que tendrás "que vestirte con más cuidado", quedan muy pocas barreras psicológicas por superar... Del cole pasas al instituto, y con suerte, pasas a otra etapa distinta de tu vida... Dejas atrás viejos miedos, ambientes conocidos, y te ves inmersa en otro mundo, donde pasas de ser el más viejo, a ser el más joven, en 1º de la ESO… Y tu mayor obsesión es pasar desapercibida, que nadie se dé cuenta de lo lista que eres, fundirte con la mediocridad imperante, que no se fijen en ti las “malotas” de la clase, y te dejen en paz…

Dieciocho años... la mayoría de edad, que de dan ganas de escribir con mayúsculas, para que todo el mundo se entere, de que ya eres MAYOR DE EDAD... Por ejemplo, para tomarte unas copas en un bar, ir a una discoteca en horario nocturno, comprar bebidas alcohólicas en los chinos (sin tener que recurrir al típico amigo mayor que se queda con una parte antes del botellón), volver a casa a la hora que te apetece (con alguna negociación previa), ver amanecer en las barcas del Retiro, comprar entradas para un concierto... Te parece un momento trascendente, y lo es, sin duda alguna[1]... Entre otras cosas, porque puedes escoger, retomar en parte el rumbo de tu vida, y si te decides a estudiar una carrera, empiezas desde cero, sobre todo, nuevos compañeros, ambientes, expectativas…

No hay peor experiencia que encontrarte en primer año de carrera, con una de esas “malotas”, que está decidida a repetir esquemas, con los viejos motes, y los típicos comportamientos neandertalianos que te habían amargado parte de tu adolescencia… Se llamaba Mari Ángeles, pero en el instituto era más conocida como “La Geli”, una mala bestia rubia teñida, de casi un metro ochenta de alto…Me gustaría deciros que la esperé en los baños, y que le di tantas patadas con mis Doc Marten de puntera de acero, que se lo pensó dos veces antes de acercarse a mí otra vez… La realidad es bien distinta: desapareció de la noche a la mañana… Unos dicen que se fue con los feriantes, otros que descubrió su potencial como vendedora de teletienda, y no faltaron quienes aseguraron que se había marchado con un jeque árabe (y sus padres recibieron a cambio veinte camellos, con los que montaron unas rutas por el mini-Hollywood de Almería)… Yo creo más factible que se metiera en el mundo del comercio, porque siempre ha tenido grandes dotes de persuasión… Aunque tampoco es algo que me importe demasiado a estas alturas…

Pero esta noche, mientras estoy sola en casa, porque no me apetece estar con nadie, ni hacer un botellón, ni nada por el estilo, me pongo a pensar... Que en cierto modo, cumplir veinte años, por el simple detalle de cambiar de década, me da un poquito de miedo... Es como empezar una etapa nueva en tu vida, hacer “tabula rasa” en muchos aspectos, y concederte a ti misma otra oportunidad, un nuevo comienzo, para intentar aprovechar mejor el tiempo... Para sentir más… Para desprenderte de algunos miedos, y adquirir otros nuevos… Miedo al fracaso, a quedarme encasillada dentro de un trabajo sin futuro, a no encontrar a mi “medio melocotón”… Por eso, prefiero arriesgarme a seguir, en lo posible, las consignas de tu corazón…



[1] [Aunque de lo más importante, a veces no te das ni cuenta: ya has alcanzado la edad penal… Lo que unos meses antes se consideraba una simple gamberrada, como por ejemplo volcar un contenedor, ahora es un delito… Otra cosa que hace mucha ilusión es la primera vez que votas… y lo haces sin demasiado criterio… A veces, suele ser la última…]

8. SI TE ESTOY AÑORANDO TANTO


Cada vez que piensas en mí... lo siento... Aquella vieja energía que recorre mi cuerpo... Los viejos y locos sueños de la infancia, quizás no tan lejana como yo quisiera... Cuando todo era mucho más sencillo... Tantas mañanas ansiando la lluvia, para sentir su frescor en el cuerpo, que pegase mi camisa blanca de uniforme, y formase una segunda piel mojada... Solo para sentirme mucho más viva, especial... por nacer desde dentro... Ahora soy demasiado mayor para esas cosas, ya tengo veinte años, y unos senos pequeños pero hermosos… Ya no puedo realizar la antigua comunión con el agua del cielo, lo hice un par de veces... y me miraron mal... con mi larga melena negra, y la blusa blanca, y aquél sujetador negro que tanto te gusta...

Recibir el beso de la lluvia, sus húmedos secretos, es recuperar la inocencia de otros tiempos... Y recordar mil detalles secretos… La última vez que nos pilló la tormenta,
terminamos empapados, corrimos a tu casa, y bajo la ducha caliente enlazamos los cuerpos, y la cama fue nuestro campo de batalla... ¡Qué más quisiera yo! Pues solo me quedaron imágenes y sueños…
Siempre resulta una imagen muy sugerente, la de una pareja acariciándose bajo la misma ducha, o incluso haciendo el amor entre las cálidas y sugerentes brumas… De hecho, es uno de aquellos clichés, que nos encontramos  con cierta frecuencia en las películas porno…

Por eso, amor, ahora, cuando llueve con fuerza, te recuerdo, te añoro, te echo de menos,
y siento que tus manos me recorren, desvelando secretos de amantes... El sonido de la brisa entre las hojas de los árboles me trae recuerdos de tiempos futuros, de todos aquellos momentos que todavía no hemos podido vivir, pero que de alguna manera, sé que realizaremos…

Me siento bien, arropada por un manto de agua, en el que me parece distinguir un leve rastro de tu colonia… Ya no soy capaz de seguir adelante si no es contigo… Y la misma lluvia, y el sol, y el viento, se empeñan en recordarme que tú eres mi Norte y mi Sur, mi principio y mi final, la única persona que realmente da sentido a mi vida… He conocido pálidas imitaciones de ese amor absoluto del que tanto me hablan… Y tengo que basarme en retazos dispersos, para seguir adelante…

A veces, bueno… casi siempre, creo que soy una romántica empedernida… Me enamoro del aire, de una fragancia, de un verso, de una idea… incluso de aquello, de aquél, o de aquella, que ni siquiera conozco… Me enamoro de un espejismo, de una ficción, del espíritu de un ideal… Mi estado civil debería ser “enamorada”… No concibo la vida sin amor, sin pasión… Y de vez en cuando, conozco a alguien especial, que me hace sentir viva, completamente viva, y no tener miedo… ni del presente ni del futuro, porque sé que encontraré en tus brazos un remanso de paz, un refugio…

Por eso, lo único que deseo es sentirme protegida entre tus brazos, en los días grises, y en los negros... y también en los rosas, y en los blancos… Tengo ansias de abandonar mi independencia, y de formar algo nuevo, juntos…   Solo quiero beber de tus labios el agua de la vida, cuando tenga sed... Alimentarme de tus sueños, y compartir los pensamientos más secretos, hasta alcanzar el punto en el que no sea capaz de distinguir dónde empiezas tú… y dónde comienzo yo… Quiero que nos embarquemos en lúbricas batallas, piel contra piel, en medio de una cama con sábanas de lino... Y que no haya ni vencedores ni vencidos… Solo amantes…



Deseo tantas cosas, amor… Que tu piel acaricie suavemente la mía, cuando tenga frío...  Que adivines incluso mis sentimientos, mis pensamientos más secretos, con una sola mirada... Solo quiero encontrarme a mí misma en el fondo de tus ojos, cuando tenga miedo o  necesite amparo... Y saber que siempre estarás allí, a mi lado, en los momentos malos… y en los buenos... Sentir el peso de tu brazo sobre mis hombros… Y notar los latidos de tu corazón cuando me abraces… Fundirme contigo en el “nosotros”… Dejar que las lágrimas fluyan libres sobre mis mejillas, sabiendo que tú las beberás con tus labios, llevándote lejos la tristeza…

Me gustaría conocerte, al mismo tiempo, de una manera tan completa, que termine tus frases... igual que tú las mías…  Fundirnos de tal modo al amarnos, que no haya principio ni final entre nosotros... Y que realmente sobren las palabras… Que solamente hablen los besos, los labios, los pequeños y cómplices gemidos de los amantes, el roce de piel contra piel…

Que sepas cuando me estoy haciendo la fuerte, la “dura”, la “madura” (por Dios, si solo tengo veinte años, y no hago más que pensar en ti en términos de absoluto…),
aunque me esté muriendo por un abrazo, o mi corazón estalle en lágrimas amargas... Que te quiero, que te deseo, y te necesito… Que nos veremos al final del arco-iris, o entre las mandíbulas del Kraken… el lugar no me importa, mientras estemos juntos… Pero sabes que siempre me ha gustado el mar, cualquier playa solitaria de la costa del Sol… Recordar viejos tiempos al borde del agua, arrullados por el sonido de las olas, otras personas, otras amigas, otros amigos, abrazos y besos[1] que formaron parte de mi vida, pero cuyo recuerdo se esfumará cuando estemos juntos…



¿Por qué no te conozco todavía...  si te estoy añorando tanto?



Nota: Por supuesto que la conocía… desde el mes de junio de 2009… otra cosa es que no quisiera admitirlo… por miedo… el mismo que me sigue consumiendo ahora… Porque sigo viviendo una pasión estéril, que no ha sido completamente revelada, ni vivida… Porque sigo temiendo el rechazo, cada día un poco más… Tampoco es sencillo convencerte a ti misma de tus sentimientos por otra mujer, y menos cuando son tantas las diferencias, y no hay ni siquiera una comunicación sencilla o una relación… Supongo que el amor es así: todo sentimientos, todo impulsos, y deseos…