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viernes, 16 de septiembre de 2011

44. Una pequeña historia de amor...

Era una de esas mañanas de primavera, cuando el universo está derrochando sus galas de sol, calor, flores y buen tiempo... Era un día claro, luminoso, preñado de promesas de futuro... Era el final... y el comienzo... de la mañana... Mientras tomaba tu mano entre las mías... Tu mano, que siempre me había parecido fuerte, y tal vez un poco tosca, con tus cicatrices de "manitas arreglalo todo", y con su increíble capacidad de hacerte sentir bien... Tu mano, tan hermosa en su imperfección, estaba entre las mías, con el calor de la esperanza y de la vida...

El mundo seguía girando fuera de la habitación de hospital, que daba al jardín de las monjas, y aquél había sido nuestro consuelo, durante las últimas dos semanas: comprobar que día a día, la primavera triunfaba en el mundo exterior... y me devolvía la esperanza en un milagro, en una curación que se encontraba más allá de los límites de la ciencia...y, por supuesto, de la religión... Nunca he sido religiosa, ni tampoco he creído en cosas como la redención, el perdón de los pecados, ni mucho menos en la vida eterna... Y, sin embargo, los últimos meses me habría convertido a cualquier creencia, por extraña que fuera, con tal de recuperar la esperanza...

Cáncer... aquella maldita palabra, que nos había robado el futuro... No debería estar permitido que una persona joven enfermara... Y menos aún a los veinte años, cuando hay tantas personas viejas por el mundo, que mueren por consunción... O cuando nos hemos conocido hace tan poco tiempo, que no tenemos apenas recuerdos juntos... Un año... doce meses y seis días, con algunas horas: eso es todo el tiempo que hemos disfrutado...

Lo justo para conocernos en la Biblioteca Municipal, cuando los dos pedimos el mismo libro, "Rimas y leyendas", de Gustavo Adolfo Bécquer, en el mostrador... La sorpresa de compartir un autor clásico... El roce de nuestras manos, mientras nos empeñábamos en que el otro cogiera el libro... "No, cógelo tú... yo lo he leído varias veces, y me encanta...", me decías... "No, en serio, yo también lo he leído...", te respondí yo... "Cógelo, hazme ese favor..." Y yo no me creía que tú lo conocieras, o que lo hubieras leído... con tu mono de mecánico de coches, y algunas manchas de grasa bajo las uñas, no me lo creía... Hasta que no me dijiste: "Mira la rima IV..." y empezaste a recitarla de memoria, no me lo creí..."No digáis que agotado su tesoro, / de asuntos falta, enmudeció la lira; / podrá no haber poetas; pero siempre / habrá poesía..." La bibliotecaria, por mucho que disfrutase con nuestra conversación, nos aconsejó que nos fuéramos al bar de la esquina, para seguir hablando, o a nuestra mesa, si preferíamos quedarnos allí...

Y nos fuimos los dos, a las seis de la tarde del 28 de enero de 2010... El bar estaba casi vacío, por lo que nos acomodamos en una pequeña mesa con tapa de mármol (después de pasar los dedos por la parte inferior... por si las moscas: los dos habíamos leído "La Colmena", y nos acordábamos de las lápidas...), y estuvimos allí media hora, hablando, cómo no, de literatura... Me dejaste pagar a mí... y como estábamos en plena época de exámenes (tú con la FP de mecánica de automóviles, y yo con primero de Periodismo en la UCM), intercambiamos los móviles, con el compromiso de mandarnos un mensaje para quedar otro día y seguir charlando...

Aguanté dos días sin llamarte, entre otras cosas porque estaba desbordada con "Pensamiento político universal" y con el trabajo de "Redacción Periodística"... y justo cuando estaba a punto de hacerlo, recibo tu mensaje: "¿Nos vemos mañana, en la Biblioteca Municipal? Estaré allí sobre las seis de la tarde..." Siempre he sido una romántica empedernida, lo reconozco, y por eso, me apetecía verte... aunque casi no te reconocí: ibas de punta en blanco, con tus botas, tus pantalones vaqueros, la chupa de cuero y una camiseta de "Iron Maiden"... Justo el tipo de "chico malo" que me gusta... Aquella tarde, en la Biblioteca, estuvimos varias horas, intentando estudiar... porque en el fondo, estábamos mucho más pendientes del otro, que de los apuntes... Me gustaba perderme en tus enormes ojos verdes... y me preguntaba cual sería el sabor de tus labios... o el tacto de tus manos sobre mi piel...

La primera vez que pronunciaste mi nombre, Beatrice, sonó distinto... y me recordó mucho la manera que tenía mi padre de llamarme, cuando estábamos solos en casa... y sin la tristeza de sus últimos días... Tu nombre sonaba bien en mis labios, "Federico, a secas..." y no soportabas los diminutivos... Empecé a frecuentar la biblioteca de Carabanchel más a menudo, al menos dos tardes en semana nos citábamos para estudiar juntos, y descansábamos un rato a media jornada, para compartir un pincho de tortilla y una caña, en "nuestro" bar...

¿Que si fue un noviazgo tradicional? No lo sé... yo nunca he sido una mujer tradicional... y ya es un poco tarde para cambiar... Solo puedo hablar por mí, es cierto... Y sí, me enamoré de Federico, lenta pero inexorablemente... Su voz era dulce y profunda... Sus ojos, verde aguamarina, que me traspasaban... Su pelo, largo, encrespado y negro como una noche sin luna... Ya desde la cuarta vez que nos vimos, me imaginaba el tacto de sus manos sobre mi piel... En el mes de marzo vimos la tercera de "Millenium", no nos gustó demasiado a ninguno de los dos... y empezamos a salir solos... intercambiamos correos electrónicos, llamadas, mensajes...

Hicimos una escapada a la costa en Semana Santa, a Benicassim, con otra pareja de la facultad... aunque no hicimos gran cosa, salvo pasear por la costa, y la segunda noche, sentados en un banco iluminado por la luna, te besé... Sí, fui yo quien tomó la iniciativa, y no me arrepiento de ello... Sonará a tópico, pero terminamos la noche en mi cama... Yo escogí, el "cuándo", el "dónde" y el "cómo"... ¡Eras tan tímido, amor! Incluso se diría que te daba corte acariciarme, recorrer mi cuerpo con tus manos, notar el tacto de mi piel contra la tuya... ¿Que si yo había preparado el viaje, para hacer el amor contigo? Bueno, no exactamente... pero las cosas salieron así... y no me arrepiento...

Tú vivías en un piso compartido, con otros dos estudiantes de FP... Ambos solteros y sin compromiso... Según mi amiga Magnolia, me estaba metiendo "en un campo de nabos"... ¡Sois tan predecibles, los hombres, y tan fáciles de provocar, de manipular! La segunda noche que pasé contigo, después de hacer el amor, me fui a la cocina con mi pijama de verano (el super corto), para beber un vaso de agua... Casi podía escuchar sus pensamientos, mientras me veían pasar desde el sofá del salón... A la mañana siguiente, salí de la ducha envuelta en mi toalla blanca, tal vez un pelín corta y un pelín ceñida.... Soy muy mala, lo sé...y disfruto con ello... Pero tú eras mi único amor...

Lo que más me gustaba de ti, Federico, era descubrir cosas juntos: tus ansias de explorar la vida eran muy contagiosas... Gracias a ti, he conocido a Michael Moorcok, Maturin, Melville, Ella Fitzgerald, Boney M... y cientos de cosas nuevas... Cada minuto, a tu lado, incluso en los momentos finales, ha sido irrepetible...

Te entregué mi corazón, y mi alma... Tal vez eramos demasiado felices juntos... y la propia vida tenía celos de nosotros... Guapos, jóvenes, con ilusiones, con futuro... y amándonos... Me entregué a ti, sin condiciones... Llegó el invierno y, con él, la enfermedad... aquella maldita frase, "cáncer de médula"... y llegaron las sesiones de quimio... y de radio... Hicieron las pruebas, buscando un donante... Tu hermana resultó compatible...

Y aquí estamos, amor... Tu mano entre las mías... La esperanza... Mientras me inclino suavemente hacia ti, para besar una vez más tus labios... Entonces, abres tus increíbles ojos verdes, y me miras... y me sonríes...

Entonces, tengo la certeza de que, para nosotros, habrá un mañana...

sábado, 3 de septiembre de 2011

13. OTRO LUNES DE MIERDA

Es curioso… Todas las mujeres, durante unos años, tenemos que afrontar la menstruación, la regla, o como quieras llamarlo… Es algo científicamente demostrado el hecho de que sangramos, se nos inflan los pechos, la tripa crece y se nos suelta… y sin embargo, no se suele hablar de ello…


Hoy, como otros lunes, comprendo perfectamente la filosofía vital del gran político, hombre de estado, filósofo, educador, crítico culinario... llamado Garfield, y creado por Jim Davis. Tal vez sea culpa mía, me pongo muy negativa desde el domingo por la tarde, y en cuanto amanece el lunes, es decir, en cuanto me despierta el móvil, ya estoy de mal humor....

Además, por si fuera poco, esta noche me ha bajado con una “mala follá” impresionante la puta “maldición de Eva”... el dolor ha sido tan brutal, que he tenido que recurrir a la Buscapina... Y también he modificado el vestuario, claro está... Nada de falda de cuero, cazadora negra y top blanco: estoy tan hinchada que sólo me sirven unos viejos vaqueros, que son lo bastante anchos para ponerme las compresas... Sí, yo prefiero los tampax, desde hace muchos años, pero las compresas son mejores para el primer día... Supongo que a todas las mujeres nos aterra que se nos note, que por lo que sea no nos podamos cambiar, y que traspase algo en la ropa... Bueno, pues eso es justamente lo que me ha pasado en clase de Redacción Periodística II... No me ha quedado más remedio que cerrar las piernas lo mejor que he podido, y rezar para que no fuera muy evidente... mientras esperaba, mirando el reloj, que la clase terminase lo antes posible, y que la profesora dejase de decir obviedades… aunque supongo que para eso la pagan, para que nos tenga medianamente informados y entretenidos…

En cuanto ha sonado el timbre, me he colocado la carpeta estratégicamente, y me he abierto paso entre las admiradoras y los peticionarios, para alcanzar los servicios de chicas... ¿Dónde están las compañeras solidarias, como Matilde, Natalia, Susy y demás, cuando las necesitas de verdad? ¿Dónde se esconden las manos amigas en tus momentos bajos? Desde luego, no en las cochiqueras de la planta baja... [Normalmente suelen estar en el bar del sótano, entre nubes de admiradores…o directamente en el porche del edificio, fumando como cosacas…. Bueno, vale, también hacen otras cosas como cosacas… y otras como conejas… pero mejor no doy más detalles… Puesto que son mis “amigas”…]

No me ha quedado más remedio que apoyarme contra la puerta, que por no variar carecía de pestillo y se abre hacia adentro, bajarme como he podido los pantalones y las bragas de abuela (las odio, pero son útiles en días como éste), inspeccionar el desastre, limpiarme con papel higiénico, y cambiarme... Por desgracia, sólo tengo dos manos… aunque no me habría venido mal otro par, como la diosa Vishnu, pues justo en el momento crítico[1], cuando estaba terminando de limpiarme con unas toallitas húmedas, vino la típica gilipollas intentando entrar a empujones... Y tuve que mandarla directamente a la mierda, con mi mejor imitación de la niña del Exorcista…

Para qué os voy a contar más detalles... Al final, pude cambiarme de compresa, atarme el jersey con las mangas por delante, y dar gracias una vez más por que los vaqueros fueran negros... Ya solo me quedaba ir despacio hacia los lavabos, y terminar de quitar un poco la mancha, incluso estando convencida de que solo yo podía verla, al menos hasta que viniera alguien a molestarme... Ya no tenía mucho sentido asistir a la tercera clase del día, por lo que me refugié en la cafetería, sentada con el segundo café de la mañana, para combatir el sueño.... Ese fue el momento que escogió Leticia, la plasta de 2º D, para sentarse a mi mesa, y empezar a hablar... Es como la Campos: solo necesita un público, para comenzar un inacabable discurso sobre cualquier cosa... sin importar que te interese o no lo que está diciendo, concretamente, me la pela el cangrejo rojo del Amazonas y su importancia en la biosfera... Solamente podía pensar en una cosa: cuánta cinta americana sería necesaria para amordazarla y que se callase de una (puta) vez... La cantidad depende mucho de lo que uno aprecie a la persona en cuestión… Si es una amiga, basta con un trozo de unos treinta centímetros, situado sobre la boca… Si no le tienes afecto, rematas la faena con un calcetín sudado dentro de la boca, y le das varias vueltas en torno a la cabeza… garantizando al mismo tiempo un esquilado cuando se lo quites… Hay que tener siempre mucho cuidado de no tapar la nariz…

Y después, como si de una convención de plastas se tratase, apareció Javichu, el típico niño pijo, delegado de clase de un curso superior, y que no acepta un "no" por respuesta, ni pregunta si puede sentarse... La situación fue tan molesta, que lo único que me consolaba era pensar cuanta fuerza sería necesaria para lanzarlo como si fuera un martillo (no entiendo el nombre, parece una bola de preso... ¿no podían llamarlo "lanzamiento de bola de preso”?), desde la entrada del edificio, apuntando a los jardines... En mi imaginación, lo veo saliendo despedido por encima de mi cabeza… rebotando sobre la marquesina del autobús… y aterrizando en la superficie arenosa y bastante sucia de la entrada del metro… Igual os parece una idea un poco exagerada pero… ¡Cómo se nota que vosotros no conocéis a Javichu!

Luego, cuando por fin terminan las clases, regreso a casa, me doy una buena ducha, me pongo el viejo chándal de felpa y una camiseta de AC/DC, los calcetines, los calentadores, y las zapatillas... Y me siento tranquilamente frente al ordenador... Reviso mi correo... Tengo varios mensajes, entre ellos uno de Claudia... Me pregunta si me apetece ir de tiendas a las 18:30, por la zona centro, y de paso hablamos un poco... Claudia... sólo por ella, reúno mis últimas fuerzas en un inmenso grito interior... que es a la vez por rabia (contra el mundo en general), frustración (por no decidirme, ni atreverme a sentir) y dolor físico… Intento relajarme un poco antes de llamarla a su móvil… y me sorprendo una vez más de lo dulce que puede sonar su voz… Quedamos haciendo el oso, como casi siempre… Para quienes no sean de Madrid o no conozcan las tradiciones, “hacer el oso” quiere decir citarse en la Puerta del Sol, a los pies de la estatua del Oso y el Madroño. Es un lugar accesible, muy bien comunicado, aunque algo peligroso, por la abundancia de carteristas y descuideros en la estación de Metro, Cercanías, y en las calles aledañas… A pesar del refuerzo policial existente, no es la mejor zona para pasearse con cosas valiosas en la mochila, si la llevas cargada del hombro…

Y muy despacio, a cámara lenta, lo preparo todo para la tarde... Hoy me apetece vestir de negro, pero cambio los vaqueros por una falda larga, y me pongo unos zapatos con algo de tacón, una blusa roja, y mi chupa de cuero negra, despertando quizás mi “yo pirata”, al vestirme con los colores de la sangre y del fuego… Antes de salir, me tomo un vaso de horchata, otra Buscapina, y pongo el MP4 a tope, porque no quiero que nadie me moleste en el metro, que nadie invada mi intimidad… Cuando vea a Claudia, se me pasarán todos los males, seguro…

Aunque hasta este momento, sigue siendo otro puto lunes de mierda...



Nota: La tarde terminó bien: merendando unas tortitas con nata con Claudia en el Vips, y cotilleando las últimas novedades en la Casa del Libro, porque yo no tenía muchas ganas de ir al cine: solo me apetecía estar con ella, pasear un poco, y tomar el fresco…

12. EL ÚLTIMO ALIENTO

Vivir por persona interpuesta… Suena bien, ¿verdad? Por eso, a veces los “bloggers” disfrutamos al colocar a nuestros personajes en situaciones extremas, pero que de algún modo se corresponden con nuestra realidad, nuestros problemas, y nuestros anhelos… En esta historia parto de una premisa: ¿qué harías si todo tu universo amoroso resulta ser una gran mentira? ¿Cómo te sentirías si la persona amada te traiciona de la peor manera?

Necesito que te imagines una cosa, querida lectora constante…  Que me sigas la corriente, en otro de mis juegos, a partir de una foto… Se trata de una escena nocturna, una hermosa mujer, con el pelo largo, rubio y un poco rizado en las puntas, está sentada en un banco de madera… Parece cansada, y en sus labios se intuye cierta confusión, como si hubiera estado sometida a un estrés constante durante demasiado tiempo… Su piel es alabastrina, y viste con sencillez: un vestido de verano en tonos ocre, con un pequeño estampado de flores en armonía de marrones. Su calzado tampoco es ostentoso: sandalias de cuero, con largas tiras que se anudan bajo la rodilla. Y a su lado, una botella de agua mineral, un bolso de verano, y un teléfono móvil… La luz que cae sobre ella proviene de una farola, de estilo antiguo, con sus brazos torneados y sus tres globos de cristal... Observa que hay una división, una especie de dualidad, incluso en la pared, en su cuerpo... y quien sabe, tal vez incluso en su alma... El juego de luces y sombras nos lleva por lo tanto a una dualidad de opciones... de comienzos y finales para una misma historia... ¿Qué está haciendo Liliana en aquella calle, en ese banco, mirando fijamente a la nada? Sí, se llama Liliana Eloísa, es un nombre como cualquier otro, pero me gusta... Tal vez, lo mejor será que ella nos cuente sus historias... La suya, y aquellas muy vinculadas, por lazos de amor, de amistad, de odio… y quizás, de perdón…

"Por fin puedo descansar... Llevo casi toda la noche caminando, por una ciudad que no conozco, en la que tampoco tengo amigos o familiares... Esta mañana, me fui de casa con lo puesto, el vestido, la ropa interior, las sandalias, algo de dinero, una rebeca, y el bolso de tela... Necesitaba salir de Madrid, respirar aunque sea durante unas horas, o unos días, algo de libertad, de tranquilidad... Ese olor a muerte largamente anunciada, esa respiración fatigosa que se escuchaba desde cualquier parte del piso, el dichoso alcohol de romero y las velas... Vale, tal vez mi obligación fuera estar junto a él... pero de todas formas, hace demasiado tiempo que no forma parte de mi vida... Nos separamos hace un año, tres meses, seis semanas y un día... Cuando decidió abandonarme por otro... ¡Sí, por otro!... Por mi mejor amigo...

Y quizás sea justamente eso lo que más me duele, no tanto el perderlo a él, a quien en cierto modo sigo amando... sino porque me ha robado a alguien que lleva junto a mí la mayor parte de mi vida... y a él, a mi Amigo con mayúsculas, no lo puedo perdonar... Compréndeme, pequeña estrella que vela sobre mí, nunca he tenido nada en contra de los gays, de hecho, algunos de mis mejores amigos son gays, quizás porque con ellos me siento segura, y entienden lo que yo siento como mujer mucho mejor que cualquier otro hombre con el que pueda estar... Tal vez haya sido mucho peor esta teatral "salida del armario" porque no me lo esperaba, porque no quería ver los síntomas que indicaban que mi Andrés estaba pasando por una crisis de personalidad, que se planteaba demasiadas cosas a la vez, que no me las contaba porque "le daba corte" o porque "no quería ofenderme...”

Pero claro, como toda escena de vodevil, en uno de los viajes que mi Andrés y Luis, mi mejor amigo realizaban juntos por motivos de trabajo (son representantes comerciales de una empresa de sistemas de seguridad), tuvo que pasar lo típico: en el hotel les dan una habitación doble en vez de dos individuales, han firmado un gran contrato, se toman unos copazos para celebrarlo... y terminan amaneciendo los dos en la misma cama... Yo sabía que Luis era gay... pero nunca le di mayor importancia... Cuando me lo contaron, cuatro meses después de aquella “cena”, que se habían seguido viendo unas cuantas veces, que varios fines de semana habían estado juntos, y sobre todo que se habían buscado un pequeño apartamento por Arturo Soria, que se iban a vivir juntos de manera temporal, pero que los dos me seguían queriendo muchísimo, pero “solo como amiga”...

Creo que perdí los nervios, les insulté, les llamé de todo (traidores fue lo más suave... parece mentira como el dolor agudiza el ingenio y saca lo peor de ti), les pegué con los ojos y los puños cerrados, mientras lloraba, por sentirme tan triste, tan sola de repente, pero también de rabia... Me tomaron los dos entre sus brazos, y allí me quedé, convertida en un emparedado entre los dos hombres más importantes de mi vida... que me habían hecho más daño del que jamás imaginaron... Porque me sentí engañada por los hombres de mi vida, y no era capaz de entender el comportamiento de Andrés durante los últimos meses… ¿Me amaba o no? ¿En quién pensaba cuando hacíamos el amor?¿Realmente sentía algo por mí, o era todo apariencia, para reforzar la ficción de que todo iba bien entre nosotros?

 Le di un fin de semana a Andrés para sacar todas las cosas del piso, dando gracias a quien sea por tener un buen trabajo en una empresa de informática, que me permitiría seguir en aquella casa... Como solo estábamos casados por lo civil, no fue demasiado complicado el separarnos...

Y con el paso de los meses, me olvidé de ellos... hasta hace dos semanas... Luis me llamó al trabajo, no sé cómo había conseguido el número, tal vez de alguna vieja agenda, o de algún amigo, aunque tal vez lo tuvo siempre... Y me comentó que Andrés estaba enfermo, tan enfermo, de hecho, que se estaba muriendo... Confieso que en un primer momento, imaginé que se trataba de una de esas sórdidas enfermedades de los homosexuales, un sarcoma de Kaposy, el sida o cualquier otra cosa...

Por eso, se lo pregunté directamente, antes de dejarle continuar con la historia... Me aseguró que no... Que se había desplomado en medio de una presentación de un nuevo sistema de seguridad para un pequeño banco... Y lo habían atendido "in situ" los vigilantes de la empresa vecina, de tele asistencia… Que lo habían estabilizado en la ambulancia, para trasladarlo al hospital... El dictamen de los médicos no era nada optimista: estaba paralizado de cuello para abajo por culpa de los derrames cerebrales, y necesitaba un respirador para seguir viviendo, durante un tiempo que por su edad y estado físico antes del ataque, podía ser demasiado…

Ayer por la tarde fui a verlos... el pisito estaba muy bien, con mucha luz... Pero no había manera de ocultar el olor a enfermedad y a muerte... Andrés estaba demacrado, con esa horrible máquina respirando por él... Sus ojos, de un imposible color verde botella, eran la única parte de su cuerpo que irradiaba vida... y me seguían por todas partes, mientras me acercaba a él, me inclinaba, y le besaba en los labios... Luis no estaba mucho mejor, demasiadas horas en vela, junto a un cuerpo que se va apagando lentamente...

Nos retiramos al salón, pero incluso allí escuchábamos el asmático jadear de la máquina... Luis me dijo que no le quedaba demasiado tiempo de vida, que incluso los médicos no se explicaban por qué seguía viviendo... porque seguía teniendo ataques… pero de alguna manera, sé que me estaba esperando… Me quedé con ellos toda la tarde... Y toda la noche... La pasé a su lado... Le dije que no se preocupara por nada... que Luis y yo seguiríamos a su lado hasta el final... Que aunque no le perdonaba, por haberme abandonado, tampoco le guardaba rencor... Que era así como habían salido las cosas... Y que de todas formas, yo me ocuparía de nuestro hijo, aunque esto se lo dije al oído, muy bajito, aprovechando que Luis estaba durmiendo unas horas en el cuarto de invitados... Incluso le enseñé una foto del bebé, yo estaba embarazada de tres meses cuando "salieron del armario"... Pablo es un niño gordito, alegre, el parto fue muy sencillo y rápido… Lo he dejado con mi madre, que vive muy cerca de nuestra casa...

En cuanto vio la foto de nuestro hijo, algo en él cambió... Durante casi una hora le estuve contando pequeñas tonterías, anécdotas y curiosidades sobre ese niño que jamás llegaría a estrechar entre sus brazos, ni que tampoco vería crecer... no por la inmovilidad... sino porque ya no quería vivir más... Por eso me avisó Luis... Por eso mencionó de pasada el testamento vital... Por eso dijo que bastaba con desenchufar el respirador, y en dos minutos, todo habría terminado... Me confirmó su intención de morir con un código de parpadeos, que ya usaban para otras funciones… Luis se tomó un somnífero leve, después de darle un beso en los labios, con lágrimas en los ojos...

No ha sido demasiado complicado... Era un enchufe convencional... Un simple gesto, un beso en las mejillas, y sostenerle la mano, dulcemente, mientras sus pulmones se hinchaban por última vez... Cuando todo terminó, escuche un leve sollozo en la puerta de la habitación... Luis estaba de pié, apoyado en el quicio... No pude evitarlo... Era mi Amigo... Le di un fuerte abrazo... y le acompañé en las lágrimas... Cuando se tranquilizó, le di un beso en los labios, como hacíamos antes, le acaricié la mejilla... Y abandoné la casa, mientras él pedía una ambulancia.... Mi papel había terminado en aquella pequeña tragedia doméstica...

Me fui a casa de mi madre, sin contarle nada de lo que había sucedido, y tras pedirle que me cuidase a su nieto un par de días más, preparé un pequeño equipaje, y me fui a la estación de Atocha... No me importaba demasiado el destino, mientras fuera un puerto de mar... Necesitaba volver a recordar la libertad, la rutina, sentirme bien, tranquila... Y llegué en cinco horas al ansiado mar... A Benicasim...

Y he pasado la tarde sentada en un banco, mirando al mar, a la playa llena de gente por la Semana Santa, aunque solo los más valientes se bañan... He comido en uno de los chiringuitos, una arrocería... Y luego, he seguido paseando por el pueblo, por las Villas del Infierno, que en la primera mitad del siglo XX eran lugares habituales de grandes fiestas, y de escándalos amorosos y políticos, aunque muchas de ellas terminaron siendo hospitales durante la Guerra Civil... Lentamente, las calles se han ido vaciando a mi alrededor... Pero he seguido caminando... Necesito mantenerme activa, para no pensar, para entregarme a la sinfonía de sonidos de la noche...

Y he llegado a este banco... Y me he pasado las dos últimas horas llorando... Por toda una vida desperdiciada... Por la soledad de mi existencia, ya que no he admitido a nadie a mi lado, al menos, no de momento... Pero ahora, tras la tempestad ha llegado la calma, de la soledad... pero también de valorar lo que tengo, mi madre, mis amigos, mi trabajo, y por encima de todo, mi hijo... El recuerdo del hombre que amé....

 Dentro de unas horas, el sol asomará por el horizonte... Y con ese amanecer, tal vez buscaré un lugar donde desayunar... y una pensión coqueta tranquila, para descansar y recomponerme... Y pasaré aquí algunos días, de todas formas, la empresa me debe vacaciones, y cuando se hayan ido los demás turistas, volveré a Madrid... cuando no me queden ya lágrimas... Y entonces, en cierto modo renacida pero al mismo tiempo fortalecida, encontraré la paz... Incluso habiéndole robado el último aliento de sus labios...