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domingo, 4 de septiembre de 2011

35. QUERIDA HIJA…

Aunque publiqué esta entrada en el mes de julio, llevaba ya bastante tiempo pensando en ella… Posiblemente, desde la muerte de mi padre, un 25 de noviembre, por culpa de un cáncer de páncreas… Pero ha sido la historia de mi  amiga Montseta, de su relación con su madre, el comprobar día a día cómo el dolor la estaba destrozando, que realmente me ha llevado a escribirla…

Querida Hija: cuando leas estas líneas, lo más seguro es que yo haya muerto hace algún tiempo... por eso, en vez de dejarla con mis cosas, se la entrego al tío Marcial, que es tan encantador como despistado, para que te la dé cuando hayan pasado varios meses desde mi muerte... ¿Que cual es el motivo que tengo para hacerlo? En el fondo, el más noble: intentar mitigar tu dolor...
Te conozco muy bien, hija mía... Siempre estás haciéndote la fuerte, la dura... te haces responsable no solo de tu hermano pequeño, sino también de tu padre... Y te dedicas a interiorizar el dolor, y te niegas incluso a llorar, a sentir... Y llegará un momento en el que te negarás incluso a ser feliz, porque yo no estaré a tu lado…
Una de las pocas cosas "buenas", si es que tiene alguna el cáncer, es que te permite hacerte una idea del tiempo que te queda por vivir... Sé que va a ser muy poco, hija mía, cuestión de semanas, por eso quiero escribirte esta carta, aunque tenga que dictársela a tu tío Marcial, mi hermano... ya no puedo escribir, se me nubla la vista mucho, después de la quimio y de la radio…
¡Son tantas las cosas que me gustaría decirte, y tan poco el tiempo que me queda, que me cuesta mucho decidir por dónde empezar! Comencemos por lo más sencillo: te quiero, hija mía. Te quiero como jamás te volverán a querer... porque hay pocos amores más fuertes que el que una madre puede sentir por su hija... Es una comunicación especial, el haberte llevado nueve meses dentro de mí, que además fueras nuestro primer hijo, y que papá y yo te quisiéramos tanto antes incluso de tu nacimiento... Sí, es cierto, a tu hermano también le queremos mucho, pero no es lo mismo: él es un hombre, se parece tanto a tu padre, y le cuesta más expresar sus sentimientos... He tenido la gran suerte de verte crecer, de estar a tu lado en casi todos los momentos importantes de tu vida, desde el mismo día en que te agarraste con fuerza a mi pecho, y empezaste a chupar como si te fuera en ello la vida...
Recuerdo tus primeros pasos, aquella tarde del mes de marzo, en el jardín de la comunidad, cuando caminaste entre papá y yo, los dos tan pendientes para evitar que te cayeras y te hicieras daño... Tus primeros intentos con el triciclo, la cara de velocidad que se te ponía mientras te lanzabas por el pasillo a toda velocidad... y el colchón de gomaespuma que tuvimos que poner una temporada en la esquina de la cocina, para protegerla de tus topetazos...
Y la primera vez que te vestimos de señorita, con tu vestido blanco, los zapatitos, el bolsito a juego... te sacamos a la calle, para presumir un poco de ti con los vecinos... ¡Y no tardaste ni dos minutos en sentarte en el alcorque de un árbol, y ponerte de barro hasta las cejas! ¡Y estabas tan feliz!
El primer día de clase, extrañamente, no hubo traumas (con tu hermano, sin embargo, fue todo un número, parecía que le íbamos a quitar la vida por separarle de las piernas de tu padre, a las que se abrazaba con tanta fuerza)... Pero tú te dejaste llevar como una campeona, dando quizás muestra de la fuerza que has tenido (y tendrás) toda tu vida: solo una lágrima, y luego, empezaste a sonreír de nuevo... Aquella tarde, volviste a casa con un roto en el vestido, un ojo morado y la nota de tu profesora: "Su hija se ha peleado en el recreo con un niño mayor... por decir que no existen los Reyes Magos..." y tú estabas bien orgullosa del roto y del morado... ¿Cómo no estarlo, si estabas defendiendo tus ideas y tus creencias? Aquella fue la primera vez que plantaste cara al mundo...
Y te fuiste haciendo mayor, llegó y pasó tu primera bici... Tu primer amor: te pasaste media tarde llorando en mi regazo, en el salón, porque Mauricio te había dicho que eras fea... ¿Fea tú, mi amor? ¿Con esos tremendos ojos negros, que volvían locos a todos los chicos? ¿Con esa larga melena, que te gustaba recoger en una coleta cuando jugabas fuera de casa? ¿Con esa hermosa boquita? ¿Y con esa personalidad, esa forma de ser tan alegre, que cautivaba incluso a quienes no te conocían más que de oídas?
Todo esto, hija mía, para recordarte que he estado a tu lado en casi todos los momentos importantes de tu vida, que siempre te he querido, y que por supuesto, siempre te querré... Hay dos momentos, únicamente, que me dolerá mucho perderme... El día de tu boda, cuando avances hacia el altar, blanca y radiante, como dice la canción... Con la marcha nupcial resonando en la parroquia...Y con tu padre, vestido con su mejor traje, acompañándote hacia el altar, intentando estar serio y concentrado... pero sin parar de mirar hacia el banco donde yo estaría sentada de seguir con vida... Y tu hermano, tan brutote, hará lo de siempre, para remontarle el ánimo: es decir, el ganso, poniendo su mejor cara de boxeador noqueado, y levantando los pulgares... A él, a tu futuro esposo, no puedo ponerle cara... porque todavía no le conoces (o eso me aseguras... mirando hacia otro lado, señal clara de que hay alguien que te gusta)... Y puedo imaginarme las fotos, con los amigos, con la familia, con tu nueva familia, en aquél momento tan importante... y el banquete de bodas, con lo bonita que es Barcelona, seguro que encontrareis un lugar hermoso... También iréis al Parque Güell, los Jardines de Pedralbes, o La Boquería, para las fotos… Pero por favor, contratad un buen fotógrafo… que es el típico recuerdo de “una vez en la vida”… y lo peor que podéis hacer es destrozarlo por una mala elección, o por escoger al más barato, al de más fama, sin haber visto muestras de su trabajo…
El segundo momento que me dolerá mucho perderme, hija mía, será cuando tú también seas madre... Es algo que no se puede explicar a un hombre... Y no me refiero solamente a los cambios hormonales, alimenticios, mi antojo fueron los espárragos de Navarra con mayonesa recién hecha...a cualquier hora... Ni a las náuseas matutinas… Ni a los vómitos… Ni por supuesto a los pies de elefante, y los tobillos hinchados, porque igual tienes suerte, y te libras… De todas formas, no te olvides de comprar una buena crema anti-estrías… Es todo eso, y mucho más... la sensación de estar llevando en tu interior una nueva vida, fruto del amor, creo que no hay nada más bonito... El parto... curiosamente, el tuyo fue mucho más sencillo que el de tu hermano, con él estuve casi doce horas...
Y luego, cuando por primera vez le veas la carita a tu hijo, seguro que el primero será un hijo, y lo escuches llorar, y lo laven y te lo pongan sobre el pecho para que empiece a mamar... Esos primeros mordiscos que le unen a la vida, y a ti… En ese momento, si yo estuviera contigo, se cerraría el círculo, y yo me quedaría a tu lado, mirándote, sin necesidad de decir una sola palabra, pues entre madre e hija, a veces no es necesario... A veces, los silencios, las miradas, los pequeños gestos, son mucho más fuertes que las palabras…
No, hija mía, no voy a poder estar cerca de ti en esos dos momentos... ni tampoco en los miles de pequeñas ocasiones en las que me echarás de menos con el paso de los años... Más de las que tú crees… y menos de las que yo quisiera… Cuando pongan en la tele una de las películas románticas que nos gustaban a las dos, sobre todo "Ghost"... o  cuando tú la cojas de la estantería, para verla de nuevo, y recordarme… Cada vez que escuches por la radio una de nuestras canciones, por ejemplo, “Bring me to Life”, de "Evanescence", ese grupo que empecé a escuchar por ti... Cuando veas una madre con su hija, paseando de la mano por Las Ramblas... Al ver en el cine el tráiler de una película de Julia Roberts, creo que las hemos visto todas… Con las noches de tormenta… ¿Recuerdas cuando te refugiabas en mi regazo, porque te asustaban los rayos? ¿Quién te consolará ahora, mi amor?
Y al principio, te sentirás fatal... No tendrás ganas de hacer nada, ni de vivir casi... Espero que al menos habréis dado lo antes posible casi toda mi ropa al asilo, menos esa gabardina y el jersey negro de cuello vuelto que tanto te gustaban ya de adolescente[1]...  Y muchos días, al despertarte, te acordarás de repente de que yo no estoy contigo, y te pondrás a llorar contra la almohada, para que nadie se entere, y dirás que es por la alergia... No te hagas la fuerte, la dura, amor mío… Que nadie te lo va a agradecer… y tampoco hace falta… No te niegues a ti misma la posibilidad del olvido, ni la del recuerdo… Hemos pasado tanto tiempo juntas, desde las primeras veces que te asomabas al mundo, protegida detrás de mi falda, hasta el último beso, que tal vez ni siquiera note…
Pero ya no puedes seguir así, amor mío...Tienes que atreverte a vivir... a seguir viviendo... a rehacer tu vida, y recuperar tu ilusión, poco a poco... No puedes seguir siempre así... Tienes que animarte, volver a sonreír, a tener ilusiones... Si no lo hacer por ti misma, hazlo por mí... sabes que no me gusta verte triste, que no puedo soportar ver que tus preciosos ojitos están empañados por el llanto, ni que tu sonrisa se esconda como un caracol tímido...

Yo siempre te he querido, hija mía, desde antes incluso de tu nacimiento... Y siempre te querré... porque el amor entre madres e hijas es mucho más fuerte incluso que la propia muerte... Aunque no me veas, yo siempre estaré a tu lado, y notarás mis besos en el viento...

Te quiere, ahora y siempre...

Mamá








sábado, 3 de septiembre de 2011

12. EL ÚLTIMO ALIENTO

Vivir por persona interpuesta… Suena bien, ¿verdad? Por eso, a veces los “bloggers” disfrutamos al colocar a nuestros personajes en situaciones extremas, pero que de algún modo se corresponden con nuestra realidad, nuestros problemas, y nuestros anhelos… En esta historia parto de una premisa: ¿qué harías si todo tu universo amoroso resulta ser una gran mentira? ¿Cómo te sentirías si la persona amada te traiciona de la peor manera?

Necesito que te imagines una cosa, querida lectora constante…  Que me sigas la corriente, en otro de mis juegos, a partir de una foto… Se trata de una escena nocturna, una hermosa mujer, con el pelo largo, rubio y un poco rizado en las puntas, está sentada en un banco de madera… Parece cansada, y en sus labios se intuye cierta confusión, como si hubiera estado sometida a un estrés constante durante demasiado tiempo… Su piel es alabastrina, y viste con sencillez: un vestido de verano en tonos ocre, con un pequeño estampado de flores en armonía de marrones. Su calzado tampoco es ostentoso: sandalias de cuero, con largas tiras que se anudan bajo la rodilla. Y a su lado, una botella de agua mineral, un bolso de verano, y un teléfono móvil… La luz que cae sobre ella proviene de una farola, de estilo antiguo, con sus brazos torneados y sus tres globos de cristal... Observa que hay una división, una especie de dualidad, incluso en la pared, en su cuerpo... y quien sabe, tal vez incluso en su alma... El juego de luces y sombras nos lleva por lo tanto a una dualidad de opciones... de comienzos y finales para una misma historia... ¿Qué está haciendo Liliana en aquella calle, en ese banco, mirando fijamente a la nada? Sí, se llama Liliana Eloísa, es un nombre como cualquier otro, pero me gusta... Tal vez, lo mejor será que ella nos cuente sus historias... La suya, y aquellas muy vinculadas, por lazos de amor, de amistad, de odio… y quizás, de perdón…

"Por fin puedo descansar... Llevo casi toda la noche caminando, por una ciudad que no conozco, en la que tampoco tengo amigos o familiares... Esta mañana, me fui de casa con lo puesto, el vestido, la ropa interior, las sandalias, algo de dinero, una rebeca, y el bolso de tela... Necesitaba salir de Madrid, respirar aunque sea durante unas horas, o unos días, algo de libertad, de tranquilidad... Ese olor a muerte largamente anunciada, esa respiración fatigosa que se escuchaba desde cualquier parte del piso, el dichoso alcohol de romero y las velas... Vale, tal vez mi obligación fuera estar junto a él... pero de todas formas, hace demasiado tiempo que no forma parte de mi vida... Nos separamos hace un año, tres meses, seis semanas y un día... Cuando decidió abandonarme por otro... ¡Sí, por otro!... Por mi mejor amigo...

Y quizás sea justamente eso lo que más me duele, no tanto el perderlo a él, a quien en cierto modo sigo amando... sino porque me ha robado a alguien que lleva junto a mí la mayor parte de mi vida... y a él, a mi Amigo con mayúsculas, no lo puedo perdonar... Compréndeme, pequeña estrella que vela sobre mí, nunca he tenido nada en contra de los gays, de hecho, algunos de mis mejores amigos son gays, quizás porque con ellos me siento segura, y entienden lo que yo siento como mujer mucho mejor que cualquier otro hombre con el que pueda estar... Tal vez haya sido mucho peor esta teatral "salida del armario" porque no me lo esperaba, porque no quería ver los síntomas que indicaban que mi Andrés estaba pasando por una crisis de personalidad, que se planteaba demasiadas cosas a la vez, que no me las contaba porque "le daba corte" o porque "no quería ofenderme...”

Pero claro, como toda escena de vodevil, en uno de los viajes que mi Andrés y Luis, mi mejor amigo realizaban juntos por motivos de trabajo (son representantes comerciales de una empresa de sistemas de seguridad), tuvo que pasar lo típico: en el hotel les dan una habitación doble en vez de dos individuales, han firmado un gran contrato, se toman unos copazos para celebrarlo... y terminan amaneciendo los dos en la misma cama... Yo sabía que Luis era gay... pero nunca le di mayor importancia... Cuando me lo contaron, cuatro meses después de aquella “cena”, que se habían seguido viendo unas cuantas veces, que varios fines de semana habían estado juntos, y sobre todo que se habían buscado un pequeño apartamento por Arturo Soria, que se iban a vivir juntos de manera temporal, pero que los dos me seguían queriendo muchísimo, pero “solo como amiga”...

Creo que perdí los nervios, les insulté, les llamé de todo (traidores fue lo más suave... parece mentira como el dolor agudiza el ingenio y saca lo peor de ti), les pegué con los ojos y los puños cerrados, mientras lloraba, por sentirme tan triste, tan sola de repente, pero también de rabia... Me tomaron los dos entre sus brazos, y allí me quedé, convertida en un emparedado entre los dos hombres más importantes de mi vida... que me habían hecho más daño del que jamás imaginaron... Porque me sentí engañada por los hombres de mi vida, y no era capaz de entender el comportamiento de Andrés durante los últimos meses… ¿Me amaba o no? ¿En quién pensaba cuando hacíamos el amor?¿Realmente sentía algo por mí, o era todo apariencia, para reforzar la ficción de que todo iba bien entre nosotros?

 Le di un fin de semana a Andrés para sacar todas las cosas del piso, dando gracias a quien sea por tener un buen trabajo en una empresa de informática, que me permitiría seguir en aquella casa... Como solo estábamos casados por lo civil, no fue demasiado complicado el separarnos...

Y con el paso de los meses, me olvidé de ellos... hasta hace dos semanas... Luis me llamó al trabajo, no sé cómo había conseguido el número, tal vez de alguna vieja agenda, o de algún amigo, aunque tal vez lo tuvo siempre... Y me comentó que Andrés estaba enfermo, tan enfermo, de hecho, que se estaba muriendo... Confieso que en un primer momento, imaginé que se trataba de una de esas sórdidas enfermedades de los homosexuales, un sarcoma de Kaposy, el sida o cualquier otra cosa...

Por eso, se lo pregunté directamente, antes de dejarle continuar con la historia... Me aseguró que no... Que se había desplomado en medio de una presentación de un nuevo sistema de seguridad para un pequeño banco... Y lo habían atendido "in situ" los vigilantes de la empresa vecina, de tele asistencia… Que lo habían estabilizado en la ambulancia, para trasladarlo al hospital... El dictamen de los médicos no era nada optimista: estaba paralizado de cuello para abajo por culpa de los derrames cerebrales, y necesitaba un respirador para seguir viviendo, durante un tiempo que por su edad y estado físico antes del ataque, podía ser demasiado…

Ayer por la tarde fui a verlos... el pisito estaba muy bien, con mucha luz... Pero no había manera de ocultar el olor a enfermedad y a muerte... Andrés estaba demacrado, con esa horrible máquina respirando por él... Sus ojos, de un imposible color verde botella, eran la única parte de su cuerpo que irradiaba vida... y me seguían por todas partes, mientras me acercaba a él, me inclinaba, y le besaba en los labios... Luis no estaba mucho mejor, demasiadas horas en vela, junto a un cuerpo que se va apagando lentamente...

Nos retiramos al salón, pero incluso allí escuchábamos el asmático jadear de la máquina... Luis me dijo que no le quedaba demasiado tiempo de vida, que incluso los médicos no se explicaban por qué seguía viviendo... porque seguía teniendo ataques… pero de alguna manera, sé que me estaba esperando… Me quedé con ellos toda la tarde... Y toda la noche... La pasé a su lado... Le dije que no se preocupara por nada... que Luis y yo seguiríamos a su lado hasta el final... Que aunque no le perdonaba, por haberme abandonado, tampoco le guardaba rencor... Que era así como habían salido las cosas... Y que de todas formas, yo me ocuparía de nuestro hijo, aunque esto se lo dije al oído, muy bajito, aprovechando que Luis estaba durmiendo unas horas en el cuarto de invitados... Incluso le enseñé una foto del bebé, yo estaba embarazada de tres meses cuando "salieron del armario"... Pablo es un niño gordito, alegre, el parto fue muy sencillo y rápido… Lo he dejado con mi madre, que vive muy cerca de nuestra casa...

En cuanto vio la foto de nuestro hijo, algo en él cambió... Durante casi una hora le estuve contando pequeñas tonterías, anécdotas y curiosidades sobre ese niño que jamás llegaría a estrechar entre sus brazos, ni que tampoco vería crecer... no por la inmovilidad... sino porque ya no quería vivir más... Por eso me avisó Luis... Por eso mencionó de pasada el testamento vital... Por eso dijo que bastaba con desenchufar el respirador, y en dos minutos, todo habría terminado... Me confirmó su intención de morir con un código de parpadeos, que ya usaban para otras funciones… Luis se tomó un somnífero leve, después de darle un beso en los labios, con lágrimas en los ojos...

No ha sido demasiado complicado... Era un enchufe convencional... Un simple gesto, un beso en las mejillas, y sostenerle la mano, dulcemente, mientras sus pulmones se hinchaban por última vez... Cuando todo terminó, escuche un leve sollozo en la puerta de la habitación... Luis estaba de pié, apoyado en el quicio... No pude evitarlo... Era mi Amigo... Le di un fuerte abrazo... y le acompañé en las lágrimas... Cuando se tranquilizó, le di un beso en los labios, como hacíamos antes, le acaricié la mejilla... Y abandoné la casa, mientras él pedía una ambulancia.... Mi papel había terminado en aquella pequeña tragedia doméstica...

Me fui a casa de mi madre, sin contarle nada de lo que había sucedido, y tras pedirle que me cuidase a su nieto un par de días más, preparé un pequeño equipaje, y me fui a la estación de Atocha... No me importaba demasiado el destino, mientras fuera un puerto de mar... Necesitaba volver a recordar la libertad, la rutina, sentirme bien, tranquila... Y llegué en cinco horas al ansiado mar... A Benicasim...

Y he pasado la tarde sentada en un banco, mirando al mar, a la playa llena de gente por la Semana Santa, aunque solo los más valientes se bañan... He comido en uno de los chiringuitos, una arrocería... Y luego, he seguido paseando por el pueblo, por las Villas del Infierno, que en la primera mitad del siglo XX eran lugares habituales de grandes fiestas, y de escándalos amorosos y políticos, aunque muchas de ellas terminaron siendo hospitales durante la Guerra Civil... Lentamente, las calles se han ido vaciando a mi alrededor... Pero he seguido caminando... Necesito mantenerme activa, para no pensar, para entregarme a la sinfonía de sonidos de la noche...

Y he llegado a este banco... Y me he pasado las dos últimas horas llorando... Por toda una vida desperdiciada... Por la soledad de mi existencia, ya que no he admitido a nadie a mi lado, al menos, no de momento... Pero ahora, tras la tempestad ha llegado la calma, de la soledad... pero también de valorar lo que tengo, mi madre, mis amigos, mi trabajo, y por encima de todo, mi hijo... El recuerdo del hombre que amé....

 Dentro de unas horas, el sol asomará por el horizonte... Y con ese amanecer, tal vez buscaré un lugar donde desayunar... y una pensión coqueta tranquila, para descansar y recomponerme... Y pasaré aquí algunos días, de todas formas, la empresa me debe vacaciones, y cuando se hayan ido los demás turistas, volveré a Madrid... cuando no me queden ya lágrimas... Y entonces, en cierto modo renacida pero al mismo tiempo fortalecida, encontraré la paz... Incluso habiéndole robado el último aliento de sus labios...