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domingo, 4 de septiembre de 2011

33. RECORDANDO UN AMOR

Isabel… mi primer amor… la primera vez que estuve con una mujer… Toda dulzura… Mi vida habría sido mucho menos rica sin haberla conocido… Aunque nos hayan separado las arenas del tiempo…


Somos como dos imágenes, presas en sus cuadros, salvo que a nosotros, nos separan las convenciones y las certezas de lo que está o no bien visto por la sociedad... Nado entre dos aguas, entre dos amores, dos personas a las que amo, a mi manera, es cierto: la de alguien que no tiene del todo claro el significado de aquella palabra, el amor...

Eternamente juntos pero siempre separados, en plan Lady Halcón, pero sin tanto glamour… Porque la vida real es siempre menos interesante que las fantasías... Ni siquiera la ausencia de mis dos amores hace que sea menos interesante este comienzo de verano... Llevo casi dos semanas dedicándome a la “egoterapia”, es decir, a cuidar un poco de mí misma, a mimarme, que buena falta me hacía tener algo de tiempo libre...

Es cierto que tres tardes por semana cuido de los niños de mi amiga Cristina, porque de esa manera ella puede también asistir a sus clases de Yoga y de marquetería en el taller del Centro Cultural. Como me gustan mucho los locos bajitos, más que una obligación o un trabajo, se convierte en un placer... Yolanda es un encanto, con sus ocho años, toda preguntas, tan rubia como su madre... Y Felipe, de seis, moreno renegrío en cuanto se pasa unos días en la piscina, a quien todo le llama la atención... Son mis dos diablillos particulares, aunque se portan bastante bien... A veces me pregunto lo que se siente al tener hermanos pequeños, incluso al tener hijos, pero supongo que para lo segundo todavía estoy a tiempo...

Pero lo que más me duele, es no tener a mi lado a las dos personas a quienes más quiero... Claudia se ha vuelto a ir de viaje de negocios, creo que a Barcelona y luego a San Sebastián, y estará fuera un par de semanas... Es cierto que hablamos a menudo, y nos mandamos correos, pero noto que estoy pisando un terreno fronterizo, y no me gusta la sensación... Vale, es culpa mía, quedar completamente fascinada por su forma de ser, de pensar, por su trabajo... Cuando nos conocimos en el Ateneo, no imaginaba que llegaría a encontrarme así de perdida...

Porque la otra vez, durante aquél campamento de verano en Picos de Europa, a mis quince años, fue Isabel quien tomó la iniciativa... Nos colocaron a todos por parejas en tiendas de tres plazas, para que tuviéramos un poco más de espacio, y fue una de aquellas noches bajo las estrellas, durante la cual nos habíamos pasado un par de horas alrededor del fuego de campamento, cantando y contando chistes... Vamos, las cosas de siempre... Pero lo que sucedió entre aquellas paredes de tela aquella noche, que marcaba el ecuador de la acampada, no fue "lo de siempre"...

Todo empezó con una pregunta en apariencia inocente: "¿Te han besado alguna vez en los labios?" y yo le respondí que no... "¿Quieres saber lo que se siente cuando te besan? Sé que no soy un chico, pero, si cierras los ojos..." y yo ni siquiera respondí... Simplemente, me dejé llevar… Empezamos a besarnos sentadas, y pequeñas ráfagas de electricidad recorrieron todo mi cuerpo, pero como no era la postura más cómoda por las estrecheces de la tienda, nos tumbamos… Ya estábamos las dos en pijama, yo me tumbé sobre la colchoneta, cerrando los ojos a medias, y entonces los labios de Isabel se posaron de nuevo sobre los míos... Al principio, me sentía tan extraña, siendo besada por otra adolescente, era un año mayor que yo, y un poco más alta y fuerte, tan rubia como yo morena...

Pero mis labios se entreabrieron suavemente por su dulce caricia, y sin darme cuenta, lo único que me importaba era besar y ser besada por ella, todo el resto era accesorio... Suavemente, sus manos abrieron los botones de mi pijama, y lentamente fueron bajando por mi cuerpo, apartando los últimos restos de pudor y de ropa, con caricias, murmullos, susurros, roces... Me dejé llevar por ella, por lo que algunos llamarían lascivia o lujuria, pero ella fue la amante más atenta de todas las que he tenido en estos cinco años... aunque no hayan sido muchas…

Aquella noche, descubrí mil rincones de mi cuerpo y del suyo, extendidas sobre la parte interior de color granate de mi saco, a lo "American Beauty", pero sin tantos pétalos de rosa ni tanta bobería... Dos cuerpos jóvenes, dos almas que se buscan en la noche, demasiadas cosas por descubrir juntas, por compartir, dos bocas que recorren, exploran, sienten, prueban… Sabores casi de otra vida, que me persiguen algunas noches, cuando la luna está llena, y mi cama, tan vacía…

Y durante las siguientes tres noches, hasta que terminó el campamento, fuimos consolidando aquella hermosa experiencia clandestina, incluso sabiendo de antemano el amargo final... Porque ella era de un pueblecito de Badalona, y yo de Madrid... No hablamos demasiado de nuestras vidas, ni de la familia, como mucho, de nuestros gustos literarios, a las dos nos marcaron "Ilusiones" de Richard Bach y "El Principito" de Antoine de Saint Exupéry, y en cuanto a música, nos unía Pink Floyd... Todavía me pregunto si fue todo casualidad, o si existe algún tipo de destino que modifica nuestras vidas...

¿La habría conocido, tan íntimamente, si nos hubiera tocado en otra tienda? ¿Se habría acercado ella a mí, tal y como me decía? ¿Y si yo hubiera tenido miedo, de ella, de mí, de los sentimientos que despertaron aquella primera noche de tierna pasión? ¿Por qué tenemos siempre tanto miedo, a sentir…. a equivocarnos? Yo en ningún momento me planteé rechazarla, ni aquella noche, ni las otras, ni mucho menos ahora, que tengo más experiencia...

Siempre recordamos el primer amor, el primer beso, la primera vez que nos entregamos por completo a otra persona… Nos escribimos durante un tiempo, sobre todo para compartir recuerdos, para conocernos un poco mejor, y luego nos distanciamos, hasta perder el contacto... tal vez por pereza... o por no enturbiar los recuerdos... quizás incluso por seguir adelante con nuestros caminos… Algunas noches, cuando estoy sola en casa, mirando la luna llena, tengo ganas de llamarla, incluso imagino la conversación, tumbada sobre la cama, con mis pintas de andar por casa… pero tengo miedo del silencio… y no la llamo… Por eso, ahora, que me encuentro entre dos amores, ambos muy lejanos en el espacio, me acuerdo de Isabel, quien quizás no fuera realmente un amor, sino una fascinación, algo tremendamente sensual y sexual (todavía recuerdo el tacto de sus labios en mis pezones... y me estremezco...) que posiblemente fue mucho mejor al estar limitado en el tiempo... Isabel se ha convertido por eso en mi referencia, en la esencia de tres días con sus noches mágicos, tiernos, dulces… e irrepetibles… porque jamás volveré a tener la inocencia del primer amor…

sábado, 3 de septiembre de 2011

6. SOBRE LA PRIMERA VEZ


14 de julio de 2007... En principio, uno más de los días de aquél largo verano, en el pueblo extremeño de mi padre, Azuaga... Otra mañana de piscina, incluyendo las tapitas en la terraza, de cuerpos al sol extendidos en toallas enormes... De sentirme algo incómoda, por salir del anonimato en el que vivo todo el año...

No me gusta demasiado el sol, y los primeros días, tengo la capacidad de ponerme de un tono rosáceo asalmonado, pero a partir del cuarto, obtengo un bronceado uniforme, tipo café con leche, que me gusta bastante... No, no es algo exuberante como el de mi prima Martita, que es dos años más joven que yo, y vuelve locos a todos los zagales, quizás por su aire inocente, o porque parece una muñeca...

Yo tampoco soy una de esas típicas bellezas extremeñas, de piel agitanada y exuberantes curvas, y normalmente, demasiadas caderas… y muchas de ellas con las cejas demasiado pobladas (al menos, para mi gusto). Estoy deseando que lleguen algunas costumbres, como la depilación integral de las mujeres, pues queda fatal el reborde de pelo negro alrededor del bikini… En el pueblo de mi padre, donde solemos ir de veraneo a casa de mi tía Agustina (que está situada en la segunda planta de la de mis abuelos), tengo la impresión de seguir generando bastante interés… algo que por otra parte, ni me molesta, ni me quita el sueño…

Me gusta mi cuerpo, mi larga melena oscura, los ojos verdes almendrados, mis pechos del tamaño perfecto para alojarse en el hueco de una mano, la cintura estrecha, las piernas largas y bien torneadas... Y, por supuesto, mi tatuaje de dragón sobre el omoplato derecho... y el auryn que solamente conoce mi ginecólogo (también lo conocen mi primo Miguel, mi “amiga” Isabel, y un par de personas más… y de forma muy superficial, Claudia…), pues se encuentra en un lugar muy selecto, y que me hicieron a los 14 años y de manera un poco clandestina en el estudio de tatuajes donde trabaja mi amiga Irene...

Sé que le gusto a muchos tíos... No hace falta tener un máster en psicología aplicada para darse cuenta, para interpretar algunas miradas y gestos, ¿verdad? Además, los adolescentes son bastante bobos, mucho hablar, mucho decir, y luego... no son capaces casi ni de quitarle las bragas o el tanga a una chica con su pleno consentimiento... Creo que el sujetador y los pantalones vaqueros se merecen ese “honor”. Deberían ficharlos como prenda de seguridad y anti-lujuria, porque hay pocas cosas más patéticas que ver a tu pareja haciendo el salto de la grulla (en plan “versión cutre de Karate Kid”) antes de pasar a la acción…

Las mujeres son algo más sencillas de entender, por una parte, aunque las señales de interés son más sutiles... también he aprendido a captarlas...

Todo este rollo, para deciros que no le veo ni tanto trauma, ni tanto miedo, ni mucho menos tanta satisfacción a eso de hacer el amor por primera vez... No son datos extraídos de un estudio sociológico, ni pretenden serlo, pero los dos tercios de las chicas no disfrutan nada acostándose por primera vez con un varón. El mayor enemigo suele ser la improvisación: los adolescentes no tenemos una casa propia y segura, donde dar rienda suelta a nuestras hormonas en celo. Muchas veces, hay que conformarse con el socorrido asiento trasero (o delantero) de un coche, aparcado en una calle poco transitada, en un área de servicio, en una gasolinera; con un portal o callejón más o menos a oscuras; con un cuarto de baño en un garito más o menos de moda, con toda la serie de inconvenientes que genera (salvo los baretos con servicios mixtos… que directamente tienen la máquina de preservativos junto a las cabinas); con la casa de un amigo durante una fiesta; con los vestuarios del instituto...

Aunque algunos de los sitios más peculiares donde hacerlo pueden ser el retrete de un avión al cruzar el Atlántico[1], en los probadores de un centro comercial, en un confesionario o en el escaparate de una tienda de muebles… Por supuesto, siempre puedes arriesgarte a traer a tu pareja a tu habitación, cuando tus padres duermen… o cuando no están en casa… Pero de alguna manera, a veces no quieres que los demás descubran demasiadas cosas de ti, sobre todo si se trata de un ligue, o de un polvo ocasional…

Pero es una experiencia que, en mi caso (y en el de todos nosotros) se puede resumir fácilmente, respondiendo a las típicas preguntas del periodista... ¿Cuándo? Ya lo sabéis, en la madrugada del 14 de julio de 2007, pero no hubo fuegos artificiales como en Francia... ¿Con quién? El primer chico fue mi primo Miguel, unos meses mayor que yo, pero que me rondaba desde el verano pasado... ¿Dónde? Sobre una manta, en mitad de un prado, cerca de las ruinas del castillo de Miramontes... ¿Cómo?... ¿Realmente hace falta que os lo explique?... Vale: casi por accidente, con un par de copas de más, te vas calentando en las fiestas del pueblo, la gente bebe y baila mucho... ¿Por qué? Sobre todo, por curiosidad...

¿El balance? Rápido, molesto y decepcionante... Al menos, no había mucha ropa que quitar: yo llevaba minifalda negra, top blanco, tanga negro, sujetador, sandalias y bolsito... Él, pantalón negro, camisa blanca y náuticos... Y un preservativo en la cartera, curioso, muy curioso, el que no estuviera caducado... Empezamos a calentarnos en la pista de baile, y luego, cogimos su coche para ir a la explanada del castillo... Había una manta en el maletero... Y de repente le apetece que veamos juntos las estrellas... Supongo que tenía curiosidad por el sexo, y Miguel podía resultar un buen partido, con su casi metro ochenta y sus anchas espaldas y unos setenta kilos de peso, parecía un armario en la piscina, con el torso bien definido, hombros anchos… Vamos, el típico semental… Con no muchas luces…

Nos adentramos en el prado, nos tumbamos entre los brotes de trigo, y minutos después, noto que está empezando a recorrer mi pierna con sus dedos... Yo no tenía muchas ganas, la verdad, pero él me gustaba más que otros chicos del pueblo (aunque tampoco hubiera mucho donde elegir), y me dejé llevar... Por temas hormonales, yo tomaba la píldora, aunque preferí utilizar un preservativo (mi madre siempre me ha insistido mucho en el riesgo de las enfermedades de transmisión sexual)...

Cuando me quise dar cuenta, yo estaba sin el tanga, abierta de piernas, y con mi primo jadeando sobre mí, empujando como un poseso, y preguntando cada dos por tres, "¿Te gusta, zorrita? ¿Te gusta?"... Y cuando por fin noto que me estoy empezando a excitar... él gruñe como un jabalí en celo, se corre de manera abundante en el condón (esas cosas se notan…), y se queda quieto en cuanto rueda fuera de mí y se pone de lado... ¿Ya está? ¿Eso es todo? Parece que sí... Por un momento, me planteo el masturbarme suavemente, para rematar la faena, pero se me han pasado las ganas…

Mientras intento limpiarme un poco, porque el lubricante de los preservativos mancha bastante la ropa, él se queda dormido sobre la manta, sin fuerzas para quitarse el preservativo y con sus partes al aire, y se pone a roncar... no sin antes tirarse un sonoro pedo… lo que representó el nivel máximo de mi tolerancia… No le desperté, de todas formas no corría ningún peligro en el prado, aparte de las habituales picaduras de mosquito, aunque lo arropé un poco con la manta (por si alguna vaca u oveja se confundía de matojo) y volví a casa caminando, tampoco es un pueblo demasiado grande... Las primeras luces del alba me pillaron bajo la ducha, y cuando por fin me sentí limpia, me fui a la cama...

No, no me dolió nada, tal vez por llevar años usando tampones... No, tampoco me gustó demasiado, y menos mal que las demás experiencias han sido mejores... Sí, normalmente exijo que mis amantes masculinos usen preservativo (lo que hagan después con él no es mi problema...) No, con las mujeres no tomo precauciones... En principio, no tengo preferencias de género a la hora de hacer el amor... Siempre y cuando sea realmente HACER EL AMOR... ¿Hace falta que te lo explique, querida lectora constante?

Para algunas chicas, ser virgen parece una carga, y por eso, lo único que les importa es quitársela de encima con cualquiera, con el primer desconocido que se encuentran en su vida, y que eso da lugar a toda una serie de fantasías estúpidas, de las que se benefician las escritoras de novelas románticas para mujeres, y los guionistas de las pelis porno para hombres… Los típicos sueños húmedos con el fornido fontanero, o los hermanos de las amigas, o los profesores de la facultad o del instituto, los bomberos, los policías… aunque pensando en el físico que suelen tener, tampoco me extraña demasiado la escasa imaginación de los guionistas, o de los encargados del vestuario…

Hagamos un pequeño inciso sobre las pelis porno, casi todas ellas están dirigidas y pensadas para el público masculino… Me asquea la imagen que dan de la mujer, como hembras de grandes ubres y nulo cerebro, o bien como Lolitas adolescentes, que solo tienen una cosa en la mente: que se las cepillen por todos los orificios del cuerpo, y si es posible, a la vez… ¿Cuándo tienen pensado hacer y difundir películas pornográficas hechas por y para mujeres heterosexuales? ¿O para lesbianas? ¿Por qué siempre tienen que trivializar lo que debería ser un acto de amor, de entrega, de confianza? Por lo menos, en la novela romántica, te dejan espacio para la imaginación, aunque se nota enseguida si la escribe un hombre o una mujer…

Ni creo que la virginidad sea una carga, ni algo despreciable, o que se deba entregar al primer cretino: lo único importante es el sentimiento, que realmente suceda en el lugar y en el momento adecuado, pero sobre todo, con alguien que no te importe recordar más adelante… y que tampoco te importe que él o ella te recuerde…

Mi famoso primo, el del 14 de julio de 2007… A la mañana siguiente, coincidimos de nuevo en la piscina… Yo temía aquél momento, pues sé que a los hombres les gusta alardear de sus conquistas con los amigotes… Pensaba decirle que, si se atrevía a comentarle a alguien lo de la noche anterior, sus pelotas estaban en peligro de extinción, literalmente… Pero al final no tuve que hacerlo: él mismo vino a disculparse por lo que había pasado, “estaba demasiado excitado por ti, Beatrice… He pasado mucho tiempo imaginando cosas similares… Y al final, me he comportado como un cerdo… Espero que me perdones…” En cierto modo, le perdoné, pero siempre me he mantenido distante… y por supuesto, nunca le he dado una segunda oportunidad, a pesar de que me lo ha pedido en varias ocasiones, sobre todo en los banquetes de bodas… con un par de copas de más…